Centrolene venezuelensis (Rivero 1968)*
Es una especie arbórea y nocturna. Esta rana de cristal está asociada con arroyos, estanques y hábitats de turberas en bosques tropicales montanos húmedos y de bambú (Rojas-Runjaic et al. 2012). Parece mostrar cierta resistencia a la perturbación. Los machos llaman desde la parte superior de las hojas, entre unos pocos centímetros y 2 m por encima del agua. Las masas de huevos se depositan en la parte superior de las hojas y las larvas se desarrollan en el agua. Los renacuajos son descritos por Rada (1990) y las llamadas publicitarias por Señaris y Ayarzagüena (2005).
Esta especie es endémica de los hábitats de bosques y páramos de los Andes venezolanos. Se le conoce en varias localidades de los estados Táchira, Mérida, Trujillo y Zulia, entre 2.100 y 3.050 m snm (Señaris y Ayarzagüena 2005, Rojas-Runjaic et al. 2012) en Venezuela. Se ha especulado que esta especie también podría existir en los Andes colombianos adyacentes, pero aún no se ha documentado, y las supuestas poblaciones colombianas aparecen como una especie no descrita en el estudio filogenético más reciente (Amador et al. 2018).
Esta especie es poco común. Excepto uno, todos los registros corresponden a machos adultos que fueron encontrados mientras cantaban (Señaris y Ayarzagüena, 2005). La población de esta especie se separa en dos grandes grupos, uno en la Cordillera de Mérida y otro en el sistema montañoso de Perijá. No se dispone de información cuantitativa sobre el tamaño o las tendencias de la población o subpoblación, pero es probable que su población esté disminuyendo debido a la rápida pérdida de hábitats forestales en los Andes venezolanos
Las principales amenazas actuales para esta especie son la pérdida y degradación de su hábitat debido a la expansión de las fronteras urbanas y agrícolas. Los bosques se talan para cultivos de subsistencia y ganadería. La contaminación por efluentes de fertilizantes es común. Además, en muchos arroyos se han introducido especies exóticas de peces depredadores. Rodríguez et al. (2010) clasificaron los bosques de la Cordillera de Mérida como Vulnerables (VU). Si bien esta especie no ha sido analizada para detectar la presencia del hongo quítrido, Batrachochytrium dendrobatidis, este patógeno está muy extendido en los Andes venezolanos (Lampo et al. 2008) y se ha relacionado con la desaparición de otras especies endémicas en este sistema montañoso (es decir, Atelopus spp.) (Lampo et al. 2006).
Acciones de conservación
Acciones de conservación implementadas
No existen medidas de conservación dirigidas específicamente a esta especie, pero su área de distribución incluye el Parque Nacional Sierra de La Culata, el Parque Nacional Sierra Nevada, el Parque Nacional Juan Pablo Peñaloza y el Parque Nacional Sierra de Perijá.
Conservación necesaria
Para la conservación de esta especie se requiere la preservación efectiva de bosques y cuencas fluviales, mediante un manejo adecuado, incluido el control de especies de peces introducidas, en las áreas protegidas existentes en la Cordillera de Mérida y la Sierra de Perijá. Es necesario reforzar la vigilancia ambiental para garantizar la protección y detener la actual pérdida de bosques en los Andes venezolanos. Se recomienda un amplio programa educativo, no sólo para esta especie sino para toda la comunidad local de anfibios endémicos y en peligro de extinción.
Investigación necesaria
Se necesitan extensos estudios de campo en los Andes venezolanos para determinar la distribución, el estado de la población y las amenazas actuales a esta especie. El estado taxonómico de los ejemplares de la población de Perijá debe corroborarse mediante técnicas moleculares. Es necesario evaluar la presencia del hongo quitridio Batrachochytrium dendrobatidis en esta especie y su vulnerabilidad a la quitridiomicosis.