Su cuerpo presentan comprensión dorso ventral como adaptación a la vida bentónica, los ojos se encuentran en la superficie dorsal igual que el espiráculo (orificio que sirve para la respiración), en la superficie ventral se encuentra una fila de cinco hendiduras branquiales por cada lado de forma laminar que se abren directamente al exterior, además de la boca; con dientes en forma obtusa adaptados para moler o triturar su alimento. Alcanza una talla máxima de 2m.
Sus aletas pectorales muy expandidas (más desarrolladas que las pélvicas), fusionadas con la cabeza en forma sub-cuadrangular redondeada, la cola es parecida a un látigo, con una espina aserrada situada al lado de la raíz de la cola. Poseen una aleta dorsal, pero no aleta caudal. Presenta una cloaca con la desembocadura en el recto.
En las aletas pélvicas, el macho tiene un par de apéndices surcados que intervienen en la copula, la hembra presenta dos ovarios que varían de la forma dependiendo de la época de reproducción, estos ovarios son característicos por el gran tamaño de los folículos que encierran lo ovocitos (ovarios maduros). Presentan fertilización interna, son animales vivíparos, con verdadera placentación (gestación interna).
La raya de pico largo se encuentra en los océanos Atlántico central occidental y suroeste desde el Golfo de Campeche, México, hasta Paraná, Brasil (Barletta y Correa 1989), incluidas las islas del Caribe (Last et al. 2016).
En el Atlántico centro-occidental, no existen estimaciones de tamaño de población ni de tendencias para esta especie. Aunque no hay datos de tendencias del Atlántico sudoccidental, ha habido disminuciones anecdóticas en algunas áreas, especialmente donde estos animales son el objetivo (por ejemplo, en áreas de crianza frente a Rio Grande do Norte, Brasil, F.M. Santana, datos no publicados, 2018). Las pesquerías artesanales son intensas en gran parte de la costa atlántica de América del Sur, y en muchas áreas hay pesquerías comerciales de arrastre y palangre en gran medida sin gestión. En Colombia, esta raya ha sido explotada desde la década de 1970 y tiene un alto valor comercial, y las pesquerías artesanales allí están muy extendidas y sin gestión. También hay una pesquería de arrastre de camarón en aguas poco profundas en el Caribe colombiano para la cual las poblaciones han colapsado (P. Mejía-Falla y A. Navia, datos no publicados, 2018). En la actualidad, no está claro cuánto esfuerzo pesquero, si es que hay alguno, todavía se está realizando en esta pesquería. Allí existen pesquerías de palangre demersal de pequeña escala que capturan esta especie y se utiliza para el consumo local (D. Cardeñosa datos no publ. 2019). En Venezuela, la pesca comercial y artesanal es intensa, carece de gestión y ha presentado picos en las capturas seguidos de disminuciones, indicativos de una sobrepesca secuencial (Mendoza 2015), y esta especie ha sido observada en pesquerías con redes de enmalle como la que opera frente a la Isla Margarita (González‐González y Ehemann 2018).
La raya de hocico largo se captura en redes de enmalle y redes de cerco de playa artesanales y en pesquerías de arrastre comerciales y su carne se consume localmente. En México y Costa Rica, se descarta como captura incidental de redes para peces óseos (Blanco-Parra et al. 2016) y es la raya más común capturada en las pesquerías artesanales de Guatemala (C. Avalos, datos no publicados, 2019).
No existen medidas de conservación ni protecciones específicas para la especie de raya de hocico largo. Se necesitan medidas de gestión para garantizar que esta especie no se vea amenazada en el futuro cercano. Se beneficia de las áreas protegidas en algunas zonas de su área de distribución y también de las prohibiciones de redes en algunos estados de los Estados Unidos. Se necesitan más investigaciones sobre el ciclo de vida, el tamaño y la tendencia de la población, las amenazas y el uso y el comercio. Las pesquerías deben monitorearse a nivel de especie.